Can Cortès
la historia
Origen
En el corazón de la Sierra de Collserola, con vistas abiertas hacia Sant Cugat del Vallés, Can Cortès conserva el carácter de las masías que daban vida al paisaje mucho antes de que llegaran las carreteras y las urbanizaciones. La documentación patrimonial sitúa sus referencias históricas, como mínimo, en 1540, y señala que también fue conocida como Casa Gravat, Casa Rosaura y Casa Maties, nombres que explican —sin necesidad de muchas palabras— los cambios de época y manos que ha vivido la finca.
Arquitectura
La construcción mantiene una tipología tradicional muy reconocible: un cuerpo principal de planta baja y piso, organizado en tres crujías, con tejado a dos aguas y una fachada que todavía transmite la sobriedad funcional de la arquitectura rural de Collserola.
Las imágenes muestran una masía austera, de trabajo y de bosque, cuando el entorno todavía era un mundo más silencioso y la actividad estaba más vinculada al territorio.
la Belle Époque
Y, al mismo tiempo, Can Cortès también forma parte de otra historia fascinante de su entorno: a poca distancia, la carretera de la Arrabassada fue escenario de la Belle Époque barcelonesa con el mítico Casino de la Rabassada y su gran hotel, inaugurados a inicios del siglo XX como destino de ocio y de escapada «a la montaña». Aquel conjunto —entre jardines, atracciones y visitantes— marcó una época y dejó huella en el imaginario del lugar, conectando a Collserola con una Barcelona que empezaba a mirar hacia arriba, hacia el Tibidabo.
Paisaje
Luego, el paisaje cambió: cuando se urbanizó la zona, Can Cortès entró en una nueva etapa. Las fichas patrimoniales indican que desde 1967 la masía acoge un establecimiento de restauración, convirtiéndose en punto de encuentro para celebraciones, almuerzos de fin de semana y visitas que buscan naturaleza a un paso de Barcelona.